Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay

Waldemar González, retrato de un dirigente de jubilados

Secretario General de ONAJPU, presidente de la Unión de Jubilados de Colón y delegado ante REDAM e INMAYORES, cuenta cómo se construye representación a fuerza de asambleas, kilómetros recorridos y una convicción que sostiene desde hace 26 años.

Waldemar González hace medio siglo que vive en Villa Colón, «un lugar verde y espacioso» al que llegó después de que su familia se trasladara en etapas desde Cerros Azules, en Maldonado. Habla de sus padres como trabajadores que le transmitieron dos cosas que hoy sostienen su discurso, el valor del trabajo y el del amor.

Antes de jubilarse pasó por la publicidad, algún esbozo de periodismo y la administración, hasta terminar llevando las finanzas de una empresa internacional vinculada a los cereales y los granos. Ahí descubrió, dice, «un mundo distinto», el de las finanzas internacionales y sus diferencias comerciales dentro y fuera del país. En el camino estudió economía política y ciencias políticas, una formación que todavía hoy conserva como hobby.

Formó una familia con, según sus palabras, «una persona maravillosa». Tienen seis hijos, catorce nietos y cuatro bisnietos. Antes de retirarse trabajó en una ONG dedicada al desarrollo humano y a promover la comunidad y la participación, un anticipo de lo que vendría después.

Se define como «un agradecido de la vida». Y ese agradecimiento, se nota enseguida, es también el motor de todo lo que hizo después de jubilarse.

El llamado de un compañero de luchas

Apenas unas semanas después de jubilarse, un compañero de militancia de los tiempos de la dictadura le dijo una frase simple. «Tenés que venir a la Asociación de Jubilados, estoy seguro que te va a gustar.» Bastaron dos reuniones para que se afiliara a la Unión de Jubilados y Pensionistas de Colón.

Encontró un espacio que describe como fraterno, democrático y abierto, conducido por compañeras y compañeros generosos a la hora de compartir experiencia. En 26 años como socio pasó por todas las tareas posibles e integró varias veces la Comisión Directiva. Hoy, cuando la institución cumple 40 años, la preside.

Fue delegado a los plenarios y congresos de ONAJPU, y ahí descubrió lo que significa unir al país entero en una sola organización. Cuando la asociación de Colón decidió sumarse a la propuesta para la Dirección de ONAJPU, sus compañeros votaron su nombre.

Fue vicepresidente y responsable de la Comisión de Seguridad Social. Después llegó la Secretaría General, con una beca del Instituto de Formación de la OIT para un curso sobre diseño y administración de sistemas de seguridad social en América Latina. Lo cuenta con gratitud y con la humildad de reconocer todo lo que aprendió de otros dirigentes en el camino.

Una organización que se construye con kilómetros

ONAJPU nuclea a más de 80.000 personas en asociaciones filiales de todo el país, y para Waldemar la clave de ese alcance no tiene secretos. Es una organización esencialmente abierta y democrática, con dos asambleas regionales por año y un congreso anual que toma las decisiones de fondo, más comisiones temáticas donde cualquiera puede elaborar propuestas.

Pero lo más importante, insiste, es la presencia física. Durante su gestión un equipo recorrió permanentemente el país, decenas de miles de kilómetros, y la dirección actual sigue haciéndolo. El encuentro mano a mano, compartir reuniones y fiestas, genera lazos de fraternidad que no se logran de otra forma.

Ese trabajo territorial es también la puerta de entrada a otras redes. La Unión de Jubilados de Colón apoya además a la Red de Organizaciones de Adultos Mayores que se reúne en el Municipio G, y desde ahí Waldemar integra el Equipo Coordinador de REDAM en Montevideo y el Equipo de Organización a nivel nacional. Eso lo llevó a representar a REDAM en el Consejo Consultivo de INMAYORES, donde ONAJPU también tiene delegado propio.

Ahí, dice con humor, hay casi «una bancada de viejos» que comparte intereses y que está tratando de coordinarse para fortalecer su presencia frente al Estado.

Lo que viene, y por qué sumarse

Waldemar participó en la elaboración del Plan Nacional de Envejecimiento y Vejez, que se presenta en octubre y se extiende hasta 2030, con una revisión prevista para 2028. Lo describe como un proceso nacido de la Convención Interamericana sobre los derechos de las personas mayores, construido desde la escucha territorial antes de que los técnicos le dieran forma final.

De los temas sobre la mesa, el que más le preocupa es el abuso y el maltrato, físico, económico, intelectual y social, por su carácter silencioso y doloroso. Los residenciales, dice, son parte de ese mismo problema.

De cara al 1° de octubre, Día del Adulto Mayor, pide algo puntual. Que dejen de verlos como personas para cuidar o como un gasto, y que los reconozcan como ciudadanos capaces, con creatividad y ganas de seguir siendo parte.

Su mensaje para quien recién se jubila es directo: Hay pocas posibilidades de resolver los problemas en soledad, y el destino, insiste, es compartido. Solo hombro con hombro, dice, se sale adelante.