Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay

“No entendería mi vida si no hiciera algo por otros”

 Estela hoy a los 71 años de edad, nos señala que nunca imaginó cómo sería su vejez. Lo que sí soñaba era una familia grande, y la construyó. Crió sola a sus dos primeras hijas, a los años volvió a casarse y tuvo un hijo varón y hoy la rodean sus hijos, su compañero de vida, nueve nietos y una bisnieta.

Entre recuerdos, la primera mujer como Secretaria General de ONAJPU repasa su vida y una certeza que no cambió con los años: que un mundo mejor es posible.

Cuando habla de su historia, empieza mucho antes de ella, con su padre dejando su pueblo a los 12 años. Había nacido en el Departamento de Treinta y Tres, y cuando murió el abuelo no hubo otra opción que venirse a Montevideo a trabajar. Después llegaron sus hermanos. Con los años y mucho esfuerzo, logró lo que había salido a buscar: establecerse, formar una familia y que sus tres hijos pudieran estudiar.

Estela es la más chica de tres hermanos. En esa casa de trabajadores, rodeada también de unas tías a las que todavía recuerda como “hermosísimas mujeres”, aprendió lo que hasta hoy la guía: “El trabajo, la familia, la responsabilidad, y que la palabra tiene que valer más que cualquier documento firmado”.

Estudió once años en un colegio de monjas, continuó en el IAVA y se formó en Administración de Empresas. Entró a trabajar en el último concurso abierto de Asignaciones Familiares y, con la vuelta de la democracia, la trasladaron a desempeñar sus funciones, al Banco de Previsión Social. Donde permaneció casi cuarenta años.

Era muy joven cuando se divorció y quedó a cargo de sus hijas. Fueron años de trabajar duro, sostener la casa y seguir estudiando. No estuvo sola. La acompañaron amigos y, sobre todo, “un padre de hierro” que siempre estuvo presente, aunque ella, reconoce, que era “muy contestataria, muy discutidora”.

Ese padre que llegó a Montevideo con 12 años y que la sostuvo en los años más difíciles murió en 1990. Pasaron más de tres décadas y Estela lo dice sin vueltas: “Lo extraño hasta el día de hoy”.

La familia que soñó

Dieciocho años después del divorcio volvió a casarse. Con su compañero tuvo un hijo, que hoy tiene 34 años. Sabe que “no es fácil compartir la vida con una mujer que milita”, y lo agradece a su compinche de ruta. Sus hijos crecieron viéndola así, y así la acompañan.

Cuenta que nunca se puso a pensar cómo sería su vejez, que fue viviendo cada momento y dando lo que creía necesario en cada uno. Lo único que sí soñaba era una familia grande, con todos reunidos, y eso se le cumplió. Hoy tiene siete nietas, dos nietos varones chicos y una bisnieta, y se organiza para estar presente, para verlos a todos, también a los que viven fuera de Montevideo. “¡Vaya si la vida fue generosa conmigo!”, dice.

Que sean siete nietas mujeres tiene para ella un sentido muy especial. Siente que la vida le muestra lo que defendió siempre, que las mujeres estudien, crezcan y tengan herramientas para salir adelante. A todos, nietas y nietos, les quiere dejar lo mismo que aprendió en su casa, que sean leales, que no se olviden de dónde vienen y que tiendan la mano a quien lo necesite, “sea quien sea, el vecino, el amigo, el hermano”.

A veces, dice, le cuesta darse cuenta de su edad. “Creo que me doy más cuenta cuando me miro al espejo”. Por dentro sigue soñando como cuando era joven: “Todavía tengo ilusiones, todavía tengo anhelos, todavía sigo soñando”, explica.

Construir red

“Siempre en la vida de las mujeres tenemos una red de amigas que nos salvan”, dice. Todavía se reúne con las compañeras de liceo con las que egresó en 1971, y se saludan en cada cumpleaños. Tiene además otras amigas a las que llama “hermanas de la vida”, las que saben de cada una dónde está la debilidad y dónde la fortaleza.

A las asociaciones de jubilados llegó por su trabajo. Antes de que hubiera directores sociales en el BPS, trabajó cuando se formó la Unidad de Promoción Social, lo que es actualmente Prestaciones Sociales y ya salía a recorrerlas. Hoy cuando vuelve a varias de ellas se emociona. Los locales que eran precarios crecieron, hay más socios, y la gente de muchos años sigue ahí, dando lo mejor de cada uno.

Con la Asociación de Jubilados de El Pinar tiene una historia especial. No vive allí, pero llegó cuando la asociación recién se estaba formando y no había fondos económicos para pagar una maestra de ceremonias. Entonces iba ella, solidariamente, a cada evento. Estuvo cuando les dieron el apoyo económico para el terreno, siguió yendo cuando se jubiló y un día pasó a integrar la comisión directiva. Sigue actualmente, valora además todo el trabajo que allí se realiza.

Se jubiló en el año 2016 y se tomó seis meses para ella. “Creo que lo necesitaba”. Después volvió a ONAJPU, la organización que había visto nacer. Había aprendido mucho de quienes fueron sus maestros recuerda a: Don Luis Alberto Colotuzzo, el Mtro.Arturo Fernández, el Prof. Geza Stari  y a Sixto Amaro, con quienes además trabajó, llevarse todo ese aprendizaje para  su casa le parecía “muy egoísta”. Primero tuvo a cargo la Comisión de Vivienda, fue presidenta y actualmente es Secretaria General, la primera mujer que ocupa ese lugar.

Se puede un día más

“Uno descansa mejor cada vez que se va a dormir con alguna tara cumplida. Son mimos para el alma”. Sabe que ese trabajo no siempre se reconoce, pero no lo hace para eso. Lo hace por quienes lo necesitan.

A los lectores de esta revista les deja un mensaje sencillo: Sentir que se puede, intentar una vez más. Les pide no bajar los brazos, unirse bajo “ese pedacito de sol” de cada día y mirar al que está solo, al que nos necesita.

“No es un acompañamiento 24/7. Es una llamada, es el estar, es preguntarle a la vecina, al vecino que está solo, cómo se siente o qué necesita”, insiste. Y que se integren a una Asociación, que sociabilicen, que traten de hacer cosas, que participen, que vayan, que conozcan sus derechos, “porque nos da vida, porque es salud”.

Para el próximo 22 de noviembre, hacia las elecciones del representante social al BPS, su nombre encabeza la lista N. 1 de ONAJPU.  Pero cuando habla de lo que la sostiene, de lo que la fortalece, Estela habla de la gente que la abraza cuando recorre el país: “En ese abrazo yo siento la fuerza y la responsabilidad para seguir luchando por lo que creo”, mejorar la calidad de vida de las personas mayores, defendiendo sus derechos.