Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay

Memoria como presente. El sentir también de las nuevas generaciones

A 50 años de los asesinatos que dan origen a la Marcha del Silencio

Nelson Villarreal Durán

Cada 20 de mayo, desde hace 31 años, se realiza la Marcha del Silencio. En esta fecha se recuerda que, hace 50 años, fueron asesinados en Buenos Aires el senador Zelmar Michelini, el diputado Héctor Gutiérrez Ruiz y los militantes William Whitelaw y Rosario Barredo, víctimas de un mismo acto represivo.

Al momento del golpe de Estado del 27 de junio de 1973, Gutiérrez Ruiz era diputado del Partido Nacional y Zelmar Michelini del Frente Amplio. Ambos se exiliaron en Buenos Aires, pero el 20 de mayo de 1976 fueron asesinados en el marco de la coordinación represiva. Por esta razón, el 20 de mayo se ha transformado en una fecha emblemática, dando origen a la Marcha del Silencio por Verdad y Justicia: Nunca Más Terrorismo de Estado, en memoria de todas las personas detenidas desaparecidas durante la dictadura uruguaya.

En 2025 se cumplieron 50 años de la Operación Cóndor, que se configuró como un plan sistemático de coordinación regional del terrorismo de Estado, cuyo objetivo no fue solo la represión de grupos armados, sino también —y sobre todo— de la sociedad organizada.

A más de 40 años de recuperada la democracia, nos preguntamos cómo las diferentes generaciones de nuestro país se han sentido impactadas por los efectos del terrorismo de Estado. Cuáles son las constantes y los quiebres, a pesar de la estabilidad y extensión democrática que vivimos, que siguen siendo testigos de la falta de verdad sobre las consecuencias de la dictadura, más allá de las discrepancias sobre sus causas entre las generaciones anteriores.

La memoria colectiva y la lucha por la verdad y la justicia son temas centrales para las nuevas generaciones, que buscan comprender y abordar los legados del terrorismo de Estado para poder sentirse parte de una cultura que asuma su pasado.

Como se ha señalado en esta misma revista, “la verdad nos hará libres” se resignifica aún más en las nuevas generaciones y reclama la responsabilidad de las generaciones protagonistas, como quienes vivimos nuestra adolescencia y el comienzo de la juventud bajo la dictadura. Esa experiencia nos llevó, en 1983, a movilizarnos como estudiantes por una democracia plena que aún no se alcanza, debido a la opacidad que implica no saldar la cuestión de dónde están los desaparecidos, ni reconocer que el asesinato de dos parlamentarios y dos militantes políticos atentó contra el corazón mismo de la democracia, más allá de las instituciones ya destruidas en el golpe de 1973.

En un país donde el republicanismo y la democracia constituyen utopías estructurantes de la cultura, que sostienen instituciones estables y una amplia contención social, persisten sectores que quedan excluidos por diversas causas sociales y económicas, así como mecanismos de violencia que pueden vincularse no solo con problemáticas actuales, sino también con un pasado autoritario que dejó inscriptas prácticas que desconocen las garantías integrales de derechos.

A su vez, el sentido de la democracia, la importancia de la verdad y la justicia, así como el valor de la coherencia para la convivencia, parecen ser factores que movilizan a las nuevas generaciones —hoy entre los 15 y 40 años— que participan en la Marcha del Silencio. La respuesta de la población a esta convocatoria es cada vez mayor, lo que constituye un triunfo del pueblo uruguayo contra la impunidad.

El rol de “Madres y Familiares de Uruguayos Detenidos Desaparecidos” ha logrado no solo instalar el tema en la agenda pública, sino también que la población, y en particular las nuevas generaciones, se apropien de la causa. Hoy, “todos somos familiares”. En palabras de Alba González, integrante de la organización: “Nuestro pueblo ha abrazado esta causa, entendiéndola como justa y necesaria. Hace mucho tiempo que esta marcha ha dejado de ser nuestra, de los y las familiares, para pasar a ser de una gran parte del pueblo uruguayo que la sostiene y la abriga”.

Cabe destacar la recorrida realizada en la ciudad de Treinta y Tres, en abril de 2026, recordando el secuestro de 51 militantes de entre 13 y 18 años, en la actividad denominada “No me acuerdo – Ensayo interrumpido”, con una fuerte presencia juvenil, como recuerda Liliana Pertuy, una de las víctimas sobrevivientes.

Esto configura, para las y los jóvenes, una causa política no partidaria que hunde sus raíces en la convicción de que es posible alcanzar la verdad, de modo de otorgar un sentido profundo a la democracia en clave de Nunca Más Terrorismo de Estado. Asimismo, contribuye a construir conciencia junto a las demás generaciones sobre el valor sustantivo que debemos no solo preservar, sino también develar como sociedad.

Este próximo 20 de mayo se cumplirán 50 años de los asesinatos de Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz y los militantes William Whitelaw y Rosario Barredo.

Esta debe ser una oportunidad para que, como sociedad, asumamos la importancia de la Marcha del Silencio y la necesidad de que las nuevas generaciones sigan confiando en el valor, el sentido y la capacidad de respuesta de la democracia. Con una mirada hacia el futuro, saldando un pasado que aún permanece presente, solo así podremos sostener la esperanza de un porvenir mejor, donde no vuelva a repetirse la inhumanidad que convirtió al Estado en enemigo de la sociedad.