Jorge Nández Britos
Hay recuerdos que permanecen a lo largo de los años. Pueden ser acontecimientos relevantes o escenas sencillas: una calle de tierra, una plaza, una bicicleta apoyada contra un muro. Con frecuencia, esos recuerdos están asociados al camino a la escuela, ese recorrido cotidiano que forma parte de la vida de generaciones de uruguayos.
El Concurso Nacional de Cuentos 2026 de ONAJPU propone volver sobre ese territorio de la memoria a través de la escritura. La consigna «Camino a la escuela» abre un espacio propicio para la creación literaria. El sentido inmediato del título remite a un trayecto físico y al mundo escolar, que puede adquirir resonancias más amplias vinculadas a los descubrimientos y los aprendizajes que acompañan una etapa de la vida, e invita a transformar un recuerdo, una imagen o una emoción en un relato.
La propuesta constituye una invitación a escribir y a releer la propia historia desde una nueva perspectiva. Participar implica mirar hacia atrás, seleccionar recuerdos, imaginar situaciones, construir personajes y encontrar una forma narrativa para aquello que se desea contar.
La escritura permite que una historia personal se proyecte hacia los demás. Cuando un recuerdo se convierte en relato, entra en el intercambio de experiencias que produce la escritura. El lector reconoce situaciones, emociones o preguntas que también le pertenecen. Allí donde alguien cuenta su historia, otros encuentran algo de la suya.
En este sentido, la creación literaria cumple una función relevante en la vida cultural de una comunidad. Además de emocionar y entretener, conserva vivencias que ayudan a comprender mejor el mundo en que vivimos. Muchas veces los grandes procesos de la historia adquieren una dimensión más cercana cuando son observados desde la vida cotidiana. Una calle, una escuela o un barrio pueden revelar tanto sobre una época como los documentos de archivo.
El tema elegido para esta edición posee una riqueza particular. El camino a la escuela funciona como un disparador de recuerdos. A partir de allí pueden aparecer compañeros, vecinos, maestros, juegos, miedos, expectativas y aprendizajes. También emergen los paisajes urbanos y rurales, las transformaciones del país y las distintas formas de experimentar la infancia y la adolescencia.
La evocación, sin embargo, no constituye el único horizonte posible. Los acontecimientos recuperados por la memoria pueden adquirir nuevos significados dentro del relato y abrirse a sentidos que trascienden la anécdota personal. Las bases permiten, además, la presentación de relatos inspirados en hechos reales y de cuentos de ficción, lo que favorece múltiples aproximaciones al tema. Un recuerdo puede convertirse en una historia diferente; una anécdota escuchada puede dar origen a un personaje; un detalle aparentemente menor puede adquirir una dimensión inesperada cuando encuentra la forma narrativa adecuada.
Cuando un suceso se transforma en relato, los acontecimientos son seleccionados, ordenados y articulados entre sí. En ese proceso, adquieren una nueva forma y permiten comprender trayectorias, vínculos y modos de vida. La escritura convierte así ese episodio en una historia que puede adquirir nuevos sentidos al ser interpretada por otros lectores.
La participación en este concurso supone un ejercicio de creación y reflexión. Implica elegir qué contar, desde qué perspectiva hacerlo y cómo construir un relato. También supone revisar, corregir y encontrar la forma más adecuada para transmitir una idea o un estado emocional.
Cuando decenas de personas escriben sobre un mismo tema, esas memorias individuales dialogan entre sí y conforman una imagen más amplia de una generación y de una época. Allí reside, quizá, uno de los valores más importantes de este concurso. Promueve la lectura, estimula la escritura y favorece el intercambio de miradas sobre una realidad compartida.

