Jorge Nández Britos
La película Una batalla tras otra tal vez desacomoda al espectador, y ese desplazamiento perceptivo constituye uno de los núcleos de la propuesta. No se inscribe en un único género. En su condición de thriller, el film instala una expectativa de tensión y conflicto que parece regirse por convenciones reconocibles. Sin embargo, desarticula ese registro y revela también un sesgo de comedia. Una comedia que interactúa con zonas de drama y suspenso, y conduce al espectador hacia un territorio donde las convenciones genéricas se vuelven porosas.
El cine del director Paul Thomas Anderson trabaja con una combinación de matices que se tensionan entre sí. Por un lado, aparece una comedia que no busca la risa directa: instala situaciones ambiguas en las que la comedia deriva en extrañeza o incluso en inquietud. Por otro, el film se sostiene sobre un núcleo dramático, donde los conflictos humanos —morales, afectivos, existenciales y sociales— terminan imponiéndose sobre cualquier ligereza inicial.
A esta tensión se suma una dimensión satírica en la que el humor se entrelaza con una mirada crítica sobre comportamientos e instituciones. La modulación expresiva fluctúa y la narración evita responder a moldes clásicos. El resultado es una experiencia disruptiva: la película desplaza sus coordenadas y propone un entrecruzamiento de géneros que exige una reinterpretación de los hechos.
Anacronía y persistencia histórica
Esta lógica de mezcla no se limita a los géneros; también se extiende al tratamiento del tiempo. Una batalla tras otra se afirma como una obra de hibridación genérica y temporal. Uno de los procedimientos es el uso de anacronismos, que funcionan como eslabones entre distintos momentos históricos. Es una estrategia que hace que los tiempos se contaminen entre sí.
Así, la lucha armada de los años sesenta y setenta —articulada mediante el grupo guerrillero ficticio Francia 75— convive con una supuesta contemporaneidad. Esta superposición produce una lectura en espejo: el pasado no se clausura, sino que repercute en el presente, lo interroga y lo deforma. En ese entrecruzamiento emergen problemáticas de fuerte peso político: la inmigración como conflicto global persistente, la represión institucional y la existencia de campos de reclusión que remiten tanto a episodios históricos como a sus reformulaciones actuales.
Figuras y encarnaciones del poder
El elenco contribuye de manera decisiva a esta complejidad. Leonardo DiCaprio sostiene una actuación dúctil, capaz de desplazarse entre la ironía y lo grave. Benicio del Toro compone una figura recia y solidaria, de fuerte densidad ética, que funciona como anclaje humano en medio de la inestabilidad del relato. En contraste, Sean Penn construye un personaje deliberadamente excesivo y caricaturesco, e introduce una distorsión que refuerza el aspecto satírico.
En paralelo al recorrido de los personajes, la narrativa incorpora al Club de Aventureros Navideños (Christmas Adventurers Club), una sociedad secreta supremacista. Se trata de un grupo elitista y clandestino, integrado por militares, empresarios y políticos, que defiende una ideología de “pureza racial” y opera desde el anonimato, influyendo en decisiones del Estado y en formas de violencia institucional. Ese “bien” que invoca el Club se revela como una categoría ética invertida que legitima la exclusión. En este punto, el largometraje roza lo grotesco y la caricatura del personaje de Penn deja de ser un exceso para convertirse en la manifestación de ese poder deformado.
En conjunto, la obra puede verse como un drama político atravesado por la comedia negra y la sátira, que utiliza la anacronía para vincular las luchas del pasado con las formas contemporáneas del poder y la exclusión. El resultado es una película que hibrida géneros, desestabiliza la percepción histórica y obliga al espectador a leer el presente como una prolongación —o una reescritura— de conflictos no resueltos.
Una batalla tras otra
Director: Paul Thomas Anderson
Reparto: Leonardo DiCaprio, Sean Penn y Benicio Del Toro, Regina Hall, Teyana Taylor y Chase Infiniti.
Exhibición
Salas de cine
HBO Max

