Organización Nacional de Asociaciones de Jubilados y Pensionistas del Uruguay

Innovar con continuidad: tecnología y ciudadanía digital en Uruguay

Fiorella Haim, presidenta de Ceibal, habla del reconocimiento internacional y del desafío de que la revolución digital también incluya a los jubilados 

Entrevista de Clara Vaz

 

El nombre de Uruguay volvió a resonar en uno de los principales foros internacionales de innovación educativa. La presidenta de Ceibal, Fiorella Haim, fue reconocida como una de las diez mujeres más destacadas del mundo en educación y tecnología en el encuentro British Educational Training and Technology Show (BETT), realizado en el Reino Unido. 

En el Mes de la Mujer, su reconocimiento adquiere una dimensión adicional. La presencia de una ingeniera al frente de un centro de innovación tecnológica no es un dato menor en un sector históricamente masculinizado. 

Ingeniera electrónica egresada de la Universidad de la República y Master of Science por la University of Maryland, Haim forma parte de Ceibal desde sus inicios. Ocupó distintos cargos técnicos y de gestión —gerenta de operaciones, subgerenta general y gerenta general— hasta convertirse en 2025 en la primera mujer en presidir la institución. Desde 2001 también es docente en la Facultad de Ingeniería, en el área de sistemas digitales. 

Su trayectoria combina gestión pública, investigación académica y liderazgo en innovación tecnológica. Su llegada a la presidencia de Ceibal no sólo consolida una trayectoria profesional, sino que también amplía el horizonte simbólico para nuevas generaciones de niñas y jóvenes que hoy imaginan su futuro en las áreas STEM. 

Sin embargo, al referirse a la distinción, Haim evita colocar el foco en lo personal. “Me parece acertado que la pregunta vaya más allá de lo individual, porque creo que algo como esto trasciende mi situación particular y habla de un camino colectivo que elegimos recorrer como país”, sostiene. 

Ceibal: una política de Estado 

Para ella, el reconocimiento es también una señal hacia afuera: una validación internacional de una política pública que Uruguay decidió impulsar hace casi dos décadas. Y, en lo personal, una oportunidad para visibilizar trayectorias femeninas en áreas históricamente masculinizadas. “Ojalá que ayude a que más chicas elijan estas áreas para su desarrollo profesional”, afirma. 

El modelo uruguayo es observado con atención en distintos países. Según Haim, el caso de Ceibal es “bastante único en el mundo” por dos razones centrales: su alcance nacional y su continuidad en el tiempo. 

“Casi dos décadas, cinco gobiernos diferentes, de distintos partidos. Eso transforma a Ceibal en una política de Estado”, explica. Esa estabilidad permitió consolidar equipos, acumular aprendizajes y documentar procesos. “Fuimos publicando lo que funcionaba y

también lo que no tanto; en el mundo valoran mucho esta acumulación de experiencia y nuestra apertura para compartirla”, agrega. 

Cuando Ceibal comenzó en 2007, la brecha de acceso a computadoras entre niños de distintos niveles socioeconómicos era profunda: mientras el 90% de los estudiantes de quintiles altos tenía computadora, en los sectores más vulnerables apenas el 9% accedía a una. En pocos años, esa diferencia se redujo drásticamente y desde 2011 el acceso supera el 90% en todos los quintiles para la población escolar. 

La perspectiva de género también forma parte del modelo. Haim ingresó a la Facultad de Ingeniería hace tres décadas, cuando las mujeres eran minoría. “He visto una evolución muy positiva”, señala, aunque reconoce que aún existen desafíos en los espacios de liderazgo. En Ceibal se adoptó el Modelo de Gestión de Calidad con Equidad de Género y hoy la mayoría de los cargos jerárquicos están ocupados por mujeres, un dato significativo para un centro de innovación tecnológica. 

La brecha que se trasladó a las generaciones mayores 

Con el tiempo, la discusión sobre desigualdad digital dejó de centrarse exclusivamente en la infancia. En 2015, el análisis por edades evidenció otra brecha: la que afectaba a las personas mayores. 

A partir de ese diagnóstico surgió el Plan Ibirapitá, que comenzó con la entrega de tablets y luego, a través de Antel, promovió planes accesibles para teléfonos inteligentes. Entre 2009 y 2019, el porcentaje de personas mayores de 65 años con smartphone más que se duplicó. 

Pero para Haim, cerrar una brecha no significa que el desafío desaparezca. “Cada vez que se logra cerrar un nivel de brecha, se presentan nuevos desafíos para poder aprovechar de la mejor manera los recursos a los que se tiene acceso”, señala. 

Hoy la discusión no pasa únicamente por tener un dispositivo, sino por saber utilizarlo con confianza y autonomía. 

¿Es un mito que la tecnología “no es para mayores”? 

Frente a la idea extendida de que las personas mayores no pueden adaptarse a los cambios tecnológicos, Haim relativiza la afirmación. “En Uruguay tenemos grandes referentes de la industria de las tecnologías de la información que superan los 65 años y siguen estando a la vanguardia”, afirma. 

Reconoce, no obstante, que en la vida cotidiana conviven realidades diversas: “Encontramos tanto personas mayores que dominan las herramientas tecnológicas como otras que se resisten a probarlas”. 

En un contexto donde cada vez más trámites y servicios se gestionan en línea, el diseño de los sistemas se vuelve determinante. “Los sistemas deben ser diseñados con la persona usuaria en el centro, de forma de facilitar y simplificar al máximo la experiencia”, sostiene. Y añade que las instituciones deben prever acompañamiento para facilitar la adopción.

En ese marco, organismos como Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y del Conocimiento (Agesic), el BPS y el Mides desarrollan programas orientados a promover la ciudadanía digital en todas las edades. 

Tecnología, autonomía y calidad de vida 

Para Haim, la alfabetización digital debe entenderse como un derecho a lo largo de toda la vida. “Sin dudas”, responde cuando se le consulta si ese aprendizaje debería considerarse también después de la jubilación. 

Desde Ceibal, aunque el foco principal está en niñez y adolescencia, existen herramientas abiertas a toda la población. Entre ellas, Biblioteca País —con más de 10.000 libros digitales accesibles con cédula uruguaya— y un curso básico de inteligencia artificial pensado para que familias y referentes puedan acompañar a estudiantes. 

En términos concretos, la tecnología puede fortalecer la autonomía. “Brinda muchísimas posibilidades, en particular en lo referente a trámites y servicios que se pueden realizar desde el hogar, evitando costos de traslados, pero también en cuanto a opciones de entretenimiento y de comunicación con amistades y familiares”, explica. 

Un mensaje final: animarse 

Pero el debate de fondo trasciende premios y distinciones. La transformación digital avanza a ritmo acelerado. La interrogante no es si la tecnología seguirá expandiéndose, sino cómo garantizar que ese proceso no deje a nadie atrás. Para Haim, la respuesta combina políticas públicas sostenidas, diseño inclusivo y acompañamiento permanente. 

Consultada sobre qué le diría a un jubilado o jubilada que siente que ya es tarde para aprender, Haim propone un enfoque práctico: “Lo más importante es encontrar la motivación por la cual recurrir a la tecnología; no debería ser por la tecnología en sí misma sino por lo que nos permite hacer”, señala. Ya sea para informarse, comunicarse con familiares en el exterior o resolver trámites sin salir de casa, la clave, dice, es animarse a probar. 

En un país que avanza en su agenda digital y que, al mismo tiempo, envejece demográficamente, el desafío no es solo innovar, sino garantizar que esa innovación sea accesible. La experiencia uruguaya muestra que la inclusión tecnológica puede construirse como política sostenida en el tiempo. El paso siguiente es asegurar que esa ciudadanía digital sea plena, también en la vejez. 

Porque el futuro, si quiere ser verdaderamente democrático, tiene que incluir a todas las generaciones.